El mundo cambió y el Ecuador también. ¿Qué debería priorizar un líder empresarial para ser exitoso en el entorno actual y futuro? Te lo contamos en este blog

Diego Alejandro Jaramillo, reconocido por sus publicaciones en medios como Ekos, El Comercio y Perspectiva, entre muchos otros, ha analizado con agudeza los profundos desafíos estructurales que enfrenta el Ecuador actual. En sus artículos, Jaramillo plantea una visión clara y urgente: el país necesita un nuevo tipo de liderazgo. Uno que esté a la altura de los tiempos. 

En el pódcast Mentes en Expansión, Diego pudo hablar ampliamente sobre el tema. En este blog te compartimos algunos de sus puntos de vista más esclarecedores.

“El mundo está generando una perspectiva muy especial de lo que necesita un líder en este momento, y más el Ecuador”, afirma Jaramillo, marcando el tono de una conversación crítica para el desarrollo empresarial y social del país.

Para Diego, en medio de un escenario económico inestable, de polarización social, transformaciones tecnológicas aceleradas y una fuerza laboral que cambia rápidamente, la figura del líder tradicional ya no basta. Hoy, liderar significa navegar en aguas inciertas, con equipos diversos, retos múltiples y horizontes que cambian cada vez más rápido.

Diversidad generacional: un nuevo reto para el líder actual

Uno de los temas que Jaramillo destaca es el impacto que la diversidad generacional está teniendo en las organizaciones. 

En el pasado, los equipos eran más homogéneos. Hoy, una empresa puede estar compuesta por cinco generaciones diferentes: desde los baby boomers hasta la generación Z, cada una con lenguajes, valores, motivaciones y hábitos de trabajo distintos. “Lo primero que estamos enfrentando los líderes es gente tan distinta sentada en la misma mesa”, señala Jaramillo.

Este fenómeno, que podría parecer un desafío insalvable, también representa una enorme oportunidad para aquellos líderes que logren manejarlo con inteligencia emocional y apertura. El líder actual no solo debe dirigir, sino conectar, integrar y aprovechar lo mejor de cada generación.

Ya no se trata de imponer una forma de trabajar, sino de generar una cultura organizacional flexible, capaz de contener visiones del mundo distintas, sin perder el foco en el propósito común.

Liderar en un entorno de cambio constante

Otro gran elemento que define al liderazgo moderno, según Jaramillo, es la necesidad de adaptarse continuamente al cambio. Pero no a un cambio eventual, sino uno constante, vertiginoso y muchas veces inesperado. 

En este contexto, el líder debe ser mucho más que un administrador: debe convertirse en un estratega resiliente, capaz de sostener equipos en medio del caos y de inspirar confianza aun cuando no haya respuestas claras. “Estás hablando de un líder multifacético que dirige por objetivos, por generaciones, por competencias, pero que además tiene que enfrentar un cambio constante, un cambio continuo; unos desafíos y una incertidumbre que yo creo que se ha presentado pocas veces en la historia”, declara Jaramillo, categóricamente.

La tecnología, la automatización y los cambios culturales están redefiniendo no solo cómo trabajamos, sino también qué significa tener éxito como organización. Según los expertos, en los próximos dos años se avecina una transformación masiva de los perfiles laborales. “Los grandes expertos anuncian que para el 2027 en el primer mundo se van a reemplazar el 60 % de los cargos y en Latinoamérica el 15 % o el 25 %. Y no por la inteligencia artificial, sino por aquellos que están manejando la inteligencia artificial. Eso implica que se necesita un perfil absolutamente distinto”, anota Jaramillo.

Este matiz es clave: el verdadero reto no es la inteligencia artificial en sí, sino cómo los seres humanos interactúan, diseñan y lideran con ella. El liderazgo del futuro deberá estar profundamente conectado con la tecnología, pero aún más con las personas.

¿Cómo puede un líder prepararse para este nuevo escenario?

Según Jaramillo, se necesitan, básicamente, tres aspectos: 

-La experiencia: aquí se pueden romper esquemas. Como observó Jaramillo, muchos gurús han llevado a la quiebra a grandes instituciones, mientras que jovencitos, con poca experiencia, han llevado grandes emporios a la cima. Sin embargo, no le podemos restar importancia al valor de la experiencia. 

-El conocimiento: tienes que formarte; tienes que saber. No hay que ser experto en el sector, pero sí tienes que saber dirigir. ¿Qué tiene que estudiar un directivo? Un MBA. De hecho, para Jaramillo, esta formación es mucho más importante que la especialización, porque los temas en los que te vas a especializar van a ir cambiando con el tiempo. 

Algunas consideraciones a tomar al momento de formarse: para empezar, Jaramillo recomienda evitar caer en coleccionar títulos y, por el contrario, enfocarse en desarrollar competencias. Agrega que formar competencias tiene un alto potencial de efectividad si es presencial, sin quitarle mérito a la formación online. Cabe recalcar el valor del MBA del IDE, a partir del “estudio de caso” y sus distintos programas, adaptados a los diferentes niveles de conocimiento y a distintos tipos de líder y su grado de experiencia. 

-Tu personalidad: tus cualidades, la forma en la que lidias con los problemas y los retos, tu temperamento y tu contexto personal. Aquí, y complementando el punto anterior, el modelo del IDE genera algo que, para Jaramillo, es incluso más poderoso que un “networking” convencional, porque permite que las visiones se vuelvan complementarias, lo cual te da acceso a una interacción humana mucho más rica. Además, estudiar en el IDE te vuelve parte de la comunidad de negocios más grande del país. 

El liderazgo que viene para el Ecuador: humano, estratégico y adaptable

Lo que se desprende de la visión de Diego Jaramillo es que el liderazgo ya no puede seguir siendo reactivo ni lineal. Ya no basta con tener conocimientos técnicos o una larga trayectoria. 

Hoy, un líder necesita ser humano y estratega; flexible, pero con visión; conectado a las personas, pero también a los datos y a las nuevas tecnologías:  “El error más grande que han cometido las grandes escuelas de negocios es tener por ahí una torre de marfil, por allá, en donde están parados los directivos diciendo: esto es lo que hay que hacer en las organizaciones. Cuando la organización es una realidad humana”, asegura, con total convicción. 

Para Jaramillo, hay dos palabras que marcan esta época: la una es incertidumbre y la otra es velocidad. Y para él, cuando hablamos de incertidumbre, inevitablemente, tenemos que volver a detenernos en el aspecto “Personalidad” de los tres componentes que mencionamos más arriba… “Donde están el manejo del estrés, la autoformación, la automotivación (que se vuelve potentísima); donde está lidiar con distintos caracteres en la organización, donde tengo que encontrar un espacio para la vida familiar… Si no lo metes todo en el mismo saco, hay un vacío en el ejecutivo” explica Diego. 

Las organizaciones que no lo comprendan corren el riesgo de perder relevancia. Y los líderes que no se reinventen, pueden quedar fuera de juego. Pero para quienes estén dispuestos a evolucionar, el momento no puede ser más prometedor. 

Las claves, según Jaramillo, para brillar como líder en este complejo momento, aparte de las ya mencionadas son: aprender a manejar el tiempo de manera impecable; saber delegar y rodearse de personas que sepan más que uno, incluso, o sobre todo, cuando eres un directivo, pues tener a las personas correctas en tu equipo te ahorrará mucho tiempo, el recurso más preciado de un líder. 

Para concluir, Diego cierra con una reflexión final, en la que, nuevamente, pone énfasis en la importancia de que un líder, además de mantenerse en constante evolución, sí o sí, se forme con un Máster en Administración de Empresas. “Un MBA ya no es una opción; es una exigencia”, asegura.

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