Nunca puedes estar 100% preparado para una pandemia, así mismo, nunca puedes anticipar 100% el futuro del negocio y mucho menos en el ambiente cada vez más volátil, incierto, complejo y ambiguo en el que vivimos.

No conviene que gastes mucho tiempo tratando de anticiparlo todo, pero sí es vital que estés preparado para manejar cambios cada vez más bruscos; es la era de la flexibilidad estratégica y eso precisamente es lo que aprendes en el IDE, esto con un componente que encontrarás en muy pocos centros de estudio en el mundo: interiorizando en el alma del directivo que las personas son el centro de la empresa.

Esto implica aprender a actuar con la determinación y seriedad que exige un cargo de alta dirección, incorporando en cada diagnóstico, decisión y mando a un nivel casi instintivo la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza. Aupando esto, las semanas internacionales intensivas en el IESE en España y el IAE en Argentina te brindan una visión pan-hemisférica de tu trabajo directivo.

Personalmente, la Maestría en Dirección de Empresas del IDE me sirvió para incorporar en mi arsenal directivo las habilidades que se requieren para provocar y gestionar con éxito transformaciones organizacionales profundas con asertividad y agilidad, lidiando con las implicaciones que éstas tienen en la estrategia, la propuesta de valor y el modelo de negocio, la cultura, la gestión comercial, las operaciones y las finanzas de la compañía.

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